
El verano ya se desplegó con toda su intensidad. Temperaturas que son más que “solo calor”: son el periodo en que se disparan los reclamos por olores, se tensionan baños y residuos, el polvo se vuelve más visible en zonas de alto tránsito y aparecen especies típicas del verano como cucarachas, moscas, hormigas, mosquitos y arañas. Lo que en otros meses pasa inadvertido, en enero se convierte en fricción inmediata.
La ventaja es que enero también abre una “ventana técnica” poco frecuente: horarios más flexibles, ocupación irregular y menor congestión en algunos recintos. Eso permite intervenir por zonas con menos impacto operacional. Por eso, la idea-fuerza es simple: en enero se trata de hacer más y más profundo, cuando el mes lo permite.
Por qué enero amplifica la percepción y acelera los conflictos
Con varios días de altas temperaturas, los olores se intensifican, los residuos se degradan más rápido y la humedad localizada en puntos críticos (baños, salas de basura, cocinas/casinos, desagües) crea condiciones favorables para plagas urbanas. La cucaracha, por ejemplo, aprovecha humedad y refugio e irrumpe donde más duele reputacionalmente: baños y áreas de alimentación. En paralelo, la mosca se multiplica con residuos y materia orgánica, las hormigas ingresan por búsqueda de alimento o agua, y los mosquitos o zancudos aparecen cuando hay agua estancada en drenajes, canaletas o recipientes olvidados.
Esto no es un tema cosmético. El Ministerio de Salud, en el Decreto Supremo N°594 (Santiago, 2000), establece condiciones sanitarias y ambientales básicas para lugares de trabajo, reforzando por qué baños, ventilación, orden y manejo de residuos deben gestionarse como estándar sanitario-operacional. Y si te sirve una pauta breve y aplicable para ordenar medidas en semanas de calor, puedes descargar la infografía de la Superintendencia de Seguridad Social, “Medidas preventivas a implementar en los lugares de trabajo ante eventos AT y ATE” (2024), útil para alinear ventilación, pausas y comunicación interna sin improvisar.
1. Baños como epicentro de percepción y olor
En estas fechas, el baño se vuelve el termómetro del estándar. El error más común es limpiar “a la vista” sin atacar el origen: puntos húmedos, drenajes, sellos, dispensadores, zonas de difícil acceso. Ahí es donde el calor acelera el problema y donde también puede aparecer la señal más sensible para cualquier tomador de decisión: cucarachas en baños, especialmente cuando hay humedad persistente o falta de sellos y mantención. En oficinas, esto suele concentrarse en baños de piso, baños cercanos a salas de reunión y servicios próximos a la cocina o kitchenette; en educación, en baños y camarines con picos puntuales; y en condominios, en baños de áreas comunes, conserjería y zonas de uso compartido.
Enero es el momento para ajustar una rutina robusta basada en frecuencia y control de puntos críticos: reposición sin quiebres (papel, jabón, bolsas), desinfección real en superficies de alto contacto y limpieza profunda planificada por zonas. Además, la coordinación con mantención es clave: una extracción deficiente convierte un problema menor en un reclamo recurrente. En esta línea, el Instituto de Salud Pública de Chile, en “Ventilación de los lugares de trabajo: Interpretación técnica del D.S. N°594/99” (2014), refuerza la importancia de mantener condiciones que eviten aire viciado y molestias por olores.
2. Residuos y salas de basura como foco de conflicto en verano
La sala de basura deja de ser “back office” y se convierte en un punto crítico. Cuando hay calor, acumulación y contenedores con limpieza insuficiente, el olor se instala y aparecen rápidamente moscas y hormigas. Si además hay humedad o rincones con refugio, la cucaracha encuentra el escenario perfecto para moverse entre salas de basura, cocinas y baños. Por eso, el control parte por limpieza de origen y disciplina operativa, no por acciones reactivas.
Aquí el “dónde” importa: en condominios, la sala de basura y el perímetro de contenedores suelen ser el origen del problema y del reclamo; en oficinas, la tensión se concentra en puntos de acumulación internos (cocina/casino, estaciones de café, papeleros de alto tránsito) y su coordinación con el retiro; y en educación, el casino y zonas de colación son especialmente sensibles en días de calor. El refuerzo ejecutivo de enero debiera reducir acumulación y aumentar control: retiro oportuno, contenedores limpios y desinfectados, perímetros sin residuos sueltos, pisos sin escurrimientos y tapas en buen estado. Y un punto de gestión responsable: si se requiere aplicación de productos o tratamientos, es recomendable operar con empresas aplicadoras autorizadas por la Autoridad Sanitaria (SEREMI de Salud), tal como indica la orientación general del Instituto de Salud Pública de Chile para plaguicidas de uso sanitario y doméstico.
3. Ambiente interior y climatización para evitar el “aire pesado”
El verano revela descoordinaciones: limpieza por un lado, mantención por otro. Resultado típico: polvo visible recurrente, olores persistentes o sensación de aire “cargado”. A veces el origen está en filtros, rejillas y puntos de extracción que requieren intervención programada, o en rutas de polvo desde accesos y estacionamientos que se reintroduce al interior. En oficinas, esto se nota con fuerza en salas de reunión, áreas open space y pasillos de alto tránsito; en educación, en salas comunes y accesos; y en condominios, en hall, ascensores y circulaciones interiores donde la percepción es inmediata.
La Dirección del Trabajo, en su orientación “¿Cuál es la norma legal que regula la ventilación en los lugares de trabajo?” (2025), recuerda el marco del DS 594 en materia de ventilación. En términos prácticos, enero es ideal para alinear un plan corto entre mantención y aseo: revisión de rejillas, limpieza de puntos de extracción, control de polvo y ajustes de horario para trabajos que en meses normales generan fricción.
4. Zonas visibles que disparan reclamos
Accesos, hall, ascensores, vidrios, estacionamientos y rampas son el panel de control reputacional. En enero, el polvo y las marcas se notan más y construyen una percepción inmediata de descuido, aunque “lo demás esté bien”. Además, en estacionamientos, bodegas y rincones con poca intervención es habitual ver arañas y otros insectos estacionales, no necesariamente por “plaga”, sino por acumulación de polvo y baja perturbación. En condominios, este frente se juega en hall/ascensores y estacionamientos; en oficinas, en accesos, vidrios y ascensores; y en educación, en accesos y salas comunes donde se concentra el flujo.
Aquí ayudan rutinas cortas y consistentes, y trabajos profundos planificados cuando la ventana técnica lo permite. Por ejemplo, una limpieza de cristales bien programada reduce marcas y polvo adherido en las superficies más expuestas al juicio del usuario, especialmente en accesos y fachadas.
Checklist ejecutivo de enero:
Enero es el mes más eficiente para normalizar el estándar sin improvisación. Con foco en baños, residuos, aire interior y zonas visibles, la ola de calor deja de ser una amenaza reputacional y pasa a ser una prueba superada con método, evidencia y apoyo experto actuando como aliado.